jueves, 23 de febrero de 2017

La poda

Estridente sonido de una sierra en acción.
Presagio de árboles cercenados.
Dolor porque desgarran tu cuerpo.
La  primera poda.
No importa tu vida
sino los leños que ofreces
sin pedir nada a cambio.
Allí quedan tus brazos mutilados
y  troncos con heridas.
El leñador depreda,
lastima tus entrañas.
Quiso el destino que hoy,
marche detrás de tus despojos
cargados  y apiñados en un carro.
Tres décadas  en círculos concéntricos,
parecen grandes bocas
clamando su agonía.
Se empañan mis cristales…
Serás pronto cenizas, mas antes,
            ardiente llama dando luz y calor
            en un hogar lejano.
Cuidé tus débiles vástagos,
te vi crecer.
Regalaste tus perfumadas flores,
bálsamos del aire.
Cobijaste a tu sombra vida de mi sangre.
Esta primavera, esperaré ansiosa
el renacer de  tiernos brotes.
Ya no serás el mismo pero
resistirá de pie  tu natural vigor
y el amor de quien contempla tu nobleza.

1 comentario:

  1. Escrito en agosto 2016. Lo que sentí al ver podar los árboles de la Escuela Nº 138.

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