Estridente
sonido de una sierra en acción.
Presagio de árboles cercenados.
Dolor porque
desgarran tu cuerpo.
La primera poda.
No importa tu
vida
sino los leños
que ofreces
sin pedir nada a
cambio.
Allí quedan tus
brazos mutilados
y troncos con heridas.
El leñador
depreda,
lastima tus
entrañas.
Quiso el destino
que hoy,
marche detrás de
tus despojos
cargados y apiñados en un carro.
Tres décadas en círculos concéntricos,
parecen grandes
bocas
clamando su
agonía.
Se empañan mis
cristales…
Serás pronto
cenizas, mas antes,
ardiente llama dando luz y calor
en un hogar lejano.
Cuidé tus
débiles vástagos,
te vi crecer.
Regalaste tus
perfumadas flores,
bálsamos del
aire.
Cobijaste a tu sombra
vida de mi sangre.
Esta primavera, esperaré ansiosa
el renacer de tiernos brotes.
Ya no serás el
mismo pero
resistirá de pie
tu natural vigor
y el amor de
quien contempla tu nobleza.
Escrito en agosto 2016. Lo que sentí al ver podar los árboles de la Escuela Nº 138.
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