Mejillas rosadas, flequillo y melena,
con los pies descalzos pisando la tierra.
Jugando, trepando y haciendo mandados
la niña crecía
dichosa y serena.
Su mundo abarcaba unas pocas cuadras,
libreta en la mano hasta lo Catala;
un poco de yerba y aquella cebada
cuchara de alpaca de obsequio traía.
Su madre cosía, su padre se iba a la deschalada.
Infancia feliz que no comprendía
de penas ocultas y trabajo duro,
para darle amparo y alegres mañanas.
Al paso del tiempo, los años, la vida,
regalan la dicha de recuerdos buenos.
Traen la nostalgia de ausencias sentidas
de infancia encendida, de amor y de anhelos.
Escrita el 25 de junio de 2016. Mi niñez.
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