lunes, 23 de enero de 2017

Familia extendida

Hay recuerdos imborrables que llegan hasta estos días.
Aquella mesa servida en el corredor del patio.
Allí estaban los abuelos, los tíos y la alegría.
Navidades y festejos con todos ellos reunidos.
La vida fue separando las ramas desde su tronco
y cada uno a su tiempo fue formando su familia.
Yo nací en aquel hogar rodeada de todos ellos
su primer fruto naciente para dar continuidad.
Y aprendí a querer la vida, a soñar y ser feliz.
Juntos ellos regalaron sus caricias y ternura.
Los abuelos con su amor, sus masitas y cometas.
Los tíos con los que andaba,  pegada a sus salidas.
Muñecas, ropas, paseos para la niña mimada.
Me veo andar  los caminos del patio con sus canteros.
El huerto, al fondo la higuera entre gallinas y cantos.
Pileta de agua llovida celosamente tapada,
el aljibe con su bomba y el chirriar de la rondana.
Hoy los tengo aquí reunidos charlando de su niñez.
 Recordando sus penurias, sus juegos y travesuras.
Todos ellos han cambiado, la vida ha dejado  huella
Pero se mantiene intacto  ese amor de sangre vivo.
Contratiempos, niñez dura, trabajo, viajes, parejas.
Lucha, esfuerzo, vida digna y amor de hermanos aumenta.
Entre ellos los recuerdos,  alguien que está incorpórea,
más  los otros que se unieron dando su fuerza y bondad.
No  puedo más que observarlos por lo menos este instante
 sonrientes, aún luchando y soñando en su vejez.




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