martes, 17 de enero de 2017

Recuerdos de Infancia II

Muñeca de trapo




Era un día como tantos en que había que caminar dos kilómetros para conseguir una máquina de coser prestada y cumplir con los trabajos por encargo.
         Un chaparrón intenso nos encontró bajando la cuesta del camino de tierra greda. El  agua formaba ríos  amarillentos que dejaban sus huellas hiriendo los barrancos.
         Corríamos empapadas tomadas fuertemente de la mano, mi madre y yo.
 Aún estábamos lejos de llegar a casa.
         En esa travesía agotadora con bolsos y ropas, perdí mi pequeña muñeca,  sepultada en el barro o llevada por la corriente de agua y lodo. Allí quedó un pedazo de mis sueños infantiles.
        Pero las madres encuentran la forma de curar heridas. Esa noche entre cuentos, rimas y retazos nació mi muñeca de trapo. Tijera, agujas, hilos y dedal…  Primero se rellenó  el cuerpo. Aún recuerdo mis deditos introduciendo la estopa azulada formando sus piernas y  sus brazos.
        Imagino hoy el amor que inundaba el ambiente, reducido en dimensiones pero grande en valores y deseos.
        Por último colocamos  la cabeza, brillantes botones iluminaron sus ojos y una boca roja sonrió a la niña que no olvidaba la muñeca que la  lluvia le  llevó.
       Lanas  para el cabello y una hermosa pollera fruncida a su cintura, completaron el regalo más dulce y sencillo que las manos de mi madre,  entregaron con dulzura, para sanar el corazón de su niña.
      Fue la hechura más gratificante que la costurera entregó aquel día.
      ¡Gracias Mamá!
                                                                                                  Mayo 2015




                                                

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