Hay recuerdos imborrables que llegan
hasta estos días.
Aquella mesa servida en el corredor del
patio.
Allí estaban los abuelos, los tíos y la
alegría.
Navidades y festejos con todos ellos
reunidos.
La vida fue separando las ramas desde su
tronco
y cada uno a su tiempo fue formando su
familia.
Yo nací en aquel hogar rodeada de todos
ellos
su primer fruto naciente para dar
continuidad.
Y aprendí a querer la vida, a soñar y
ser feliz.
Juntos ellos regalaron sus caricias y
ternura.
Los abuelos con su amor, sus masitas y
cometas.
Los tíos con los que andaba, pegada a sus salidas.
Muñecas, ropas, paseos para la niña
mimada.
Me veo andar los caminos del patio con sus canteros.
El huerto, al fondo la higuera entre
gallinas y cantos.
Pileta de agua llovida celosamente
tapada,
el aljibe con su bomba y el chirriar de
la rondana.
Hoy los tengo aquí reunidos charlando de
su niñez.
Recordando sus penurias, sus juegos y
travesuras.
Todos ellos han cambiado, la vida ha
dejado huella
Pero se mantiene intacto ese amor de sangre vivo.
Contratiempos, niñez dura, trabajo,
viajes, parejas.
Lucha, esfuerzo, vida digna y amor de
hermanos aumenta.
Entre ellos los recuerdos, alguien que está incorpórea,
más los otros que se unieron dando su fuerza y
bondad.
No puedo más que observarlos por lo menos este
instante

A mis tíos maternos. 1/9/16
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