Estoy, contemplando extasiada el mar.
Atrapada por el movimiento de las olas.
Cuento hasta siete y espero la más bravía.
Su rumor oprime mi
pecho.
Siento su fuerza y en el instante
se lleva consigo angustias
y pesares acumulados
desde nuestro último encuentro.
Vienen coronadas de espuma.
entre túneles y crestas que se abren
en miles de brillantes diamantes.
Estruendo de choque contra las rocas.
Vuelo formando un
abanico blanco y efímero.
Masas de rocas separadas poco a poco
como cuñas de picapedrero.
Y entre las grietas y desfiladeros,
el vaivén de espuma
yodada y movediza.
Otras se deslizan sobre las piedras
acariciándolas y
moldeándolas.
Un velo de novia nace y desaparece.
Y siguen su viaje para
llegar
en calma a la bahía.
Así soy, como un
océano.
Así es la vida, como las olas,
abarcando la ternura y la tristeza,
la pasión y la fuerza.
Pura emoción.







